Grupo Esperanza

Este es un grupo para pacientes oncológicos , que funciona en el C.E.R.I.M. Centro de Radiología Mamaria Ubicado en Azcuenaga 970 1er piso (Buenos aires CABA) los jueves de 12 a 14hs ….(leer Quienes somos)

CARTA A UN AMIGO QUE SUFRE DE CÁNCER

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CARTA A UN AMIGO QUE SUFRE DE CÁNCER

Tienes sesenta años, los médicos te han encontrado un cáncer de pulmón y has confiado en el tratamiento que te propusieron para eliminarlo. Has sufrido una operación y te has sentido mejor por un tiempo, hasta que has hecho una recidiva, te han practicado unas sesiones de radioterapia que te han debilitad o mucho. A medida que los meses pasaban y que tu vitalidad disminuía, has comenzado a perder la esperanza que había s puesto en los medios médicos. Te has volcado hacia las medicinas suaves, siguiendo un régimen alimenticio y utilizando remedios naturales . Has constatado mejorías pasajeras, pero, en el fondo, tienes la impresión de estar en tren de perder la partida.

Esta es la razón por la cual has tomado contacto conmigo. Me has dicho:

¿Crees que puedo curarme7

Te lie pedid o un tiempo de reflexión par a responderte en forma meditada. Nos conocemos desde hace muchos años y nuestra amistad me permitirá hablarte de manera directa, sin vueltas liar a evitar herirte.

Déjame tintar, en pocas palabras, de explicarte lo que yo creo de la experiencia de la enfermedad en nuestra vida. Para mí, nosotros somos seres espirituales, seres de luz que hemos creado un cuerpo mental, un cuerpo emocional y también un cuerpo físico. En los mundos espirituales, donde nosotros vivimos entre dos existencias sobre el plano terrestre, hemos elegido un programa de vida, un cierto número de lecciones que el planeta escuela Tierra nos ha permitido aprender . Ese plan general, ese programa de aprendizaje, lo tenemos delante encarnado en el cuerpo de un bebé. Helo aquí inmediatamente; prisionero de las creencias de nuestros padres y de la sociedad en la que hemos crecido, hemos olvidado nuestro programa, corlado el teléfono interior que nos revela nuestra alma y estamos librados a nuestras creencias limitadas y a nuestros miedos, desatentos a los signos que vienen de los mundos de la luz para mantenemos en la trayectoria prevista.

Cuando dejamos que los hábitos , el conformismo y el miedo al cambio se instalen en nuestra vida , entramos inevitablemente en el mundo del sufrimiento y de la enfermedad. De hecho la enfermedad no es jamás un enemigo que hace falta destruir por medios violentos , ella es un punto de interrogación que la vida nos ofrece para hacernos nuevamente la pregunta fundamental del sentido de nuestra vida sobre la tierra y de la comprehensión de nuestro programa de vida.

Es necesario que tú sepas que, cuando muera, dejarás tu cuerpo físico y tendrás la ocasión en los mundos espirituales de revisar, sobre una gran pantalla, la película de tu vida para comprenderla con la conciencia de tu alma y discernir cuáles son las lecciones incorporada s y aquellas que no has podido aprender en razón de tus limitaciones.

Pero, ¿por qué deberías tú morir para examinar de esta forma tu existencia terrestre? ¿Por qué no hacer ese trabajo ahora?

A mi modo de ver, no es posible curarse sin trabajar sobre todos los planos, sin ocuparse a la vez del cuerpo físico, emocional, menta y espiritual . Seguramente se logra que algunas medidas tomadas en el plano físico, sean suficientes para mejorar una situación , curar algunos síntomas ,frenar por algún tiempo la enfermedad . Pero la verdadera curación no es simplemente una remisión. Ella exige un trabajo en profundidad para entrar en el inconciente  y discernir las causas emocionales y mentales que permite n la expresión de la enfermedad.

Es en esto que la medicina  occidental moderna resulta a menudo inoperante. Puede remover tumores, combatir el dolor, normalizar tal o cual función metabólica , pero no puede en general comprender la importancia de un trabajo psicológico y queda impotente ante los problemas de fondo. Sabe con algunos trucos, cortar la maleza pero no remover las raíces . Y, como tú sabes, ¡cuando las raíces no son removidas las hierbas resurgen! Todas las enfermedades físicas tienen raíces profundas en la psiquis  y. si deseas curarte, es fundamental que te animes a entrar en ese terreno .

De hecho el cáncer no es más quela parte visible de un iceberg. Se agita sobre la superficie de! agua , en las profundidades del inconsciente, por ver Ia película de tu vida y comprender como tu has,  poco a poco, creado esta enfermedad que fe dice “te mueres”.

No es el tumor el que te mata, eres  tú que, sin darte cuenta , te suicidas .

Es así porque tienes miedo de ver lo que está en ti, miedo de explorar el mundo de tus miedos, ese país de lo irracional y de cuentos de hadas. Quisieras poder quedarte en la seguridad de eso que conoces, en el mundo de la razón razonable, las estructuras lógicas, el orden y la inteligencia.

En la conversación que he tenido contigo hace algunos años, un detalle me dejó frío.

Cuando te hice algunas preguntas sobre tu infancia me respondiste:

—He tenido una infancia maravillosa, he sido amado por mis padres y no tengo ningún recuerdo negativo de ese período.

¡Me sobresalté! ¡Cómo has podido tener una infancia sin heridas, sin sufrimientos , sin Traumatismos! Te contesté:

—Creo que te has fabricado esta imagen de una infancia feliz para evitar ver los sufrimientos que has conocido en tu infancia.

Te encogiste de hombros con irritación, cambiando el tema de conversación.

Ahora, como me has pedido ayuda, puedo explicarte de forma más detallada lo que quise Decirte antes. Sí, yo creo que tu infancia no ha sido rosa como tú piensas. Creo también que has sufrido enormemente, pero aprendiste, para ser apreciado por los adultos que te rodeaban, a guardar tus emociones y ponerle la máscara de la conveniencia. Te transformaste en un chico cortés, que sabe controlarse, que piensa con inteligencia y brilla en la sociedad gracias a sus cualidades intelectuales.  Has logrado brillantemente mostrar tu valor en ese terreno.

Has completado brillantes estudios, trabajado en posiciones profesionales prestigiosas, fuiste apreciado por tu espíritu de análisis, la perspicacia de tus juicios y la profundidad de tus razonamientos. Eres un hombre de acción y has asumido los mandatos más difíciles con una eficacia y una potencia que todos admiraban. Luego hubo ese choque de una nominación a un puesto elevado que habría sido la coronación de tu carrera y que correspondía a tus deseos más profundos. Pero, porque tu honestidad intelectual te había hecho evitar siempre las intrigas y adulaciones, no fuiste elegido, muy probablemente porque, tu rigor, tu coraje y tu independencia de espíritu hicieron temer a aquéllos que, si te nombraban en ese puesto importante, no hubieran podido controlarte para tenerte de su lado. El choque de eso que has considerado como un jaque te ha. Dejado profundamente abatido y, algunos meses más tarde, has comenzado a sufrir de este cáncer que hoy amenaza tu vida.

Sí, yo creo que tú puedes curarte. Pero yo no creo que eso sea posible sin limpiar los Huecos de tu inconsciente. Sin rescatar en los subterráneos de la memoria, el niño que has sido y que se consumió. ¿Cómo hacer esto? Es necesario que aprendas a relajarte profundamente antes de sumergirte en el túnel espacio-temporal que mana de la memoria del pasado y hacer aparecer, en la pantalla de tu conciencia, las viejas situaciones. Verás que tu enfermedad no ha comenzado hace dos o tres años. Ha comenzado cuando, de niño, has visto a tus padres tener actitudes que te han hecho sufrir y has renunciad o a expresarles tu dolor y tu cólera. En general esto ocurre a la edad de cinco, seis o siete años, cuando el deseo de ser amado por sus padres llega a matar la espontaneidad de todo niño. Los padres repiten a los hijos que, si ellos aman a su madre y su padre, no deben encolerizarse. El niño termina por creerlo en detrimento de su honestidad, enfrentado a sí mismo y su capacidad de ver cuáles son sus emociones reales. De hecho, es en la primera infancia que has comenzado a no poder respirar. Has sofocado en ti al niño que se atrevía a expresar intensamente sus emociones, gritar, llorar, reír, hacerse el loco y jugar sin ocuparse del que dirán. Tus padres, tus profesores y todos los adultos lograron convencerte de que ya no era necesario hacerse el loco. Te hicieron creer que, para obtener la sabiduría, era necesario dominar esos impulsos, reprimir esas emociones, utilizar las riendas del intelecto para domar el caballo del instinto y poner la cobertura de lo racional sobre la marmita en ebullición de los impulsos primitivos. Te convencieron de que, para ser apreciado por los demás, era necesario trabajar más que divertirse y administrar la vida con razón más que jugar con pasión. Te dieron una escala de valores que dice que vale más ser juez que prostituta, notable que artista, psiquiatra que enfermo mental. Y, durante muchos años, has logrado magníficamente ese personaje brillante que sale bien parado en sociedad y que sus pares admiran.

Hoy, ese personaje magnífico, que ha acumulado decenas de sucesos, se hunde como un coloso con pies de arcilla.

Te encuentras débil, esperando en tu cuerpo, desguarnecido ante una situación que tu inteligencia consiente no consigue arreglar por sus medios habituales. Por eso, el hecho que estés de golpe débil, vulnerable, emocionalmente frágil, te da la oportunidad única de poder escuchar a ese niño que, en ti, espera después de tantos años que te ocupes de él.

Dicen que la noche permite ver las estrellas. De igual forma, esta oscuridad en la que te has hundido y contra la cual tu intelecto no puede hacer nada, esta angustia de la que no puedes huir multiplicando tus actividades profesionales, todo esto es, de hecho, una oportunidad extraordinaria que la vida te da para recuperar las estrellas de tu alma, los mensajes de tu ser espiritual , guía profunda que te dice que es posible ser un adulto sin amordazar el niño interior , viviendo todas las facetas de su ser único por un mismo amor , sin que ninguna de ellas deba ser juzgada, encerrada en las fosas del inconsciente.

Si te atreves a sumergirte en la memoria profunda vas a descubrir que, cuando eras niño, has conocido momentos de sufrimiento y de cólera tales que has deseado poder matar a tus padres que no te sabían amar ; tus desesperaciones intensas ante la rigidez y la necedad de los adultos que te rodeaban. Abriendo de nuevo las puertas a tus emociones, dándote el permiso de no jugar la comedia social para agradar a los otros, recuperando tu autenticidad y toda la gama de sentimientos de tu corazón, vas a poder renacer y comenzar una nueva vida.

No es una medicina ni un tratamiento farmacéutico lo que te puede curar. Es necesario dejarse tomar la mano por ese niño que no ha podido vivir en libertad. El te enseñará el placer de jugar , de ser libre, de maravillarse , de tener alegrías y penas sin analizar intelectualmente, ni las angustias a las que lo somete su domador mental. Si te das el permiso de vivir ahora todo lo que no has podido vivir en tu infancia, si recuperas la espontaneidad, la fantasía, la creatividad, la sensibilidad de un niño no condicionado, entonces tu cuerpo físico podrá regenerarse. No dejes que los especialistas de la enfermedad te encierren en sus estadísticas, sus dogmas y sus predicciones. La mayor parte de ellos no comprende qué es la curación. No conocen más que el combate contra los síntomas. ¡Si les hablas del niño interior, se encogerán de hombros! Una vez que hayas recorrido el camino de la curación, podrás retornar a verlos y sus rostros estupefactos te probarán que lo has logrado. Ellos no pueden mostrarte el camino de la recreación, simplemente porque, corno lo has hecho tú mismo durante numerosos años, ¡no se permiten un minuto de recreación! Ellos son gente seria que trabajan y no saben divertirse. ¡No comprenden que para cura, hay que tener el placer de vivir! Esa alegría, esa felicidad, sosteniendo la capacidad de hacer cosas nuevas. La enfermedad, la que sea, es una llamada de socorro, que nos grita que nos hemos dejado emboscar por los hábitos y que nuestro niño interior se enoja.

Por mi parte, después de treinta años, he podido experimentar en mí mismo y con miles de pacientes el hecho de que las fuerzas de la vida y de la regeneración fluyen en abundancia cuando uno se atreve a explorar lo desconocido, se lanza en nuevas aventuras, dejando de lado nuestros hábitos y nuestros conformismos. Si continuamos con todo lo que nos ha provocado la enfermedad, no podemos más que esforzarnos siempre más en la miseria, ¡es lógico! Para curarse es indispensable ofrecerse el lujo de la innovación, del descubrimiento de nuevos espacios, de nuevos modos de vida. Tú que has vivido muchos años como adulto, observa que este adulto en ti, se hunde. Déjalo morir, ¡pero no mueras por eso! Abandona el adulto racional y toma por fin el lugar del niño exuberante, espontáneo y curioso que hay en ti.

Yo que te he observado vivir durante años, sabe que a menudo he tenido que frenarme de decirte que te veía morir de a poco, morir de enojo y de conformismo, morir de ser prisionero de tu rol social y de tus obligaciones familiares. Ensayé a veces, con pequeñas preguntas, incitarte a abrirte a nuevas dimensiones. Te invite a participar de seminarios que organizaba con mi mujer Johanne Razanamahay, seminarios donde vemos a los participantes curarse sus heridas de infancia.

Pero tú eras sordo a mis invitaciones. Repelías todos mis avances. Ahora la situación ha cambiado porque comprendes que no puedes resolver tu problema con un esfuerzo de voluntad conciente o un nuevo tratamiento medicamentoso. Estás obligado a declarar tu impotencia frente a una situación que no logras dominar y te reencuentras en las situaciones de la infancia en que te sentías impotente, incapaz de hacerte comprender por los adultos, de ser aceptado tal cual eras, de recibir el amor sin deber jugar la comedia y de poder ser tú mismo sin hacer trampas para agradar a los otros. La impotencia que tienes te retrae inexorablemente, a la impotencia que has conocido como niño. El ciclo está cerrado.

Aquí estás en el punto de partida. La opción que tienes es clara: o haces como tus padres y continúas a lodo control y continúas siendo enfermo, o haces ahora por ti, lo que tus padres no pudieron hacer. Te das el permiso de vivir no teniéndote en cuenta más que a ti, amándote a cada instante, lo que hagas, sin juzgarte ni condenarte, domesticarte o esclavizarte. Mira el punto en común con los niños y los animales salvajes. Ellos son constantemente guiados por su instinto, su impulso de vida y no se ocupan de lo que los demás piensan de ellos. Es lo que tú necesitas redescubrir, reaprender. Haciéndolo comprenderás por qué el Evangelio dice que el Reino de los Cielos es de aquéllos que son como los niños. Recuperando tu naturaleza, tu inocencia y tu espontaneidad, escucharás de nuevo la dulce voz de tu alma que te guiará hacia la salud y expansión. Saldrás de la fortaleza del mundo racional, donde uno se protege de los miedos por espesas murallas intelectuales. Bailarás, cantarás y jugarás en el prado y la foresta. Tomarás el tiempo de escuchar cantar las fuentes, de nadar en el río. Jugarás con las ardillas y las musarañas. Te adormecerás al pie de las cascadas y seguirás a las águilas en su vuelo. Habrás aprendido a reen-cantar al mundo, como los héroes de los cuentos de hadas. Tu caballero valiente podrá despertar a la princesa dormida de tu alma y comenzar con ella una nueva vida, una vida de la que nunca más serás separado.

Christian Tal Schaller

Febrero 1997 Doctor C.T. Schaller 15, Francois Jaquier CH – 1225 Chene-Bourgn (Traducción Luisa Mancuso)

Un pensamiento en “CARTA A UN AMIGO QUE SUFRE DE CÁNCER

  1. Hermosa carta Que le enviaron a Eloisa y la compartió en el grupo. Saludos

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