Grupo Esperanza

Este es un grupo para pacientes oncológicos , que funciona en el C.E.R.I.M. Centro de Radiología Mamaria Ubicado en Azcuenaga 970 1er piso (Buenos aires CABA) los jueves de 12 a 14hs ….(leer Quienes somos)

Lo que pensamos y sentimos impacta sobre las células. 

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El poder de la autocuración

Lo que pensamos y sentimos impacta sobre las células.

Norman Cousins era un norteamericano atípico para el promedio. Sus cartas de presentación decían: “Periodista, graduado en Columbia, crítico literario, editor de The Saturday Review”. También: “Militante contra las tropas en Vietnam en particular y la carrera armamentista en general”. En sus artículos no se cansó de señalar la paz como la principal herramienta en la lucha contra la enfermedad. Ya era una celebridad cuando le diagnosticaron una espondilitis anquilosante. Cousins rechazó internarse en un hospital. Auxiliado por un médico amigo, investigó. Inventó su tratamiento: hotel con pileta en medio del campo. En una casona de tejado azul se dedicó a proyectar películas de los hermanos Marx, a rodearse de sus seres queridos, a cambiar su dieta. La crónica de su recuperación fue más que un best seller. El libro Anatomía de la enfermedad (1979) decía cosas como: “Diez minutos de risa tuvieron efecto anestésico, dos horas de sueño sin dolor”. O: “La energía vital quizá sea la fuerza menos comprendida del planeta”. En esos tiempos en que el señor Cousins usaba su cuerpo como laboratorio, Eloísa Abello supo que a una tía muy querida le habían diagnosticado cáncer de mama. Fue testigo de la fe con que ella abordó el diagnóstico -su tía era muy creyente-. De cómo, a partir de la noticia, esa mujer encaró nuevos gestos: empezó a pintar, a desenterrar del fondo de sí misma una veta creativa. La tía también comenzó a evitar conversaciones y temas que la entristecieran, a disfrutar al máximo de su entorno amoroso. “A pesar de que los médicos le daban muy mal pronóstico, mi tía vivió casi dieciocho años más. Vivió muy bien. Creo que esa situación familiar me impactó tanto que terminé dedicándome a esto”, cuenta Eloísa Abello, psicóloga, una mañana en el consultorio. Por la ventana se ven las cúpulas del Congreso de la Nación. Norman Cousins creía que la enfermedad y el estado de bienestar se relacionaban con la política; también, con la manera en que las emociones inciden en la salud. ¿Hasta qué punto el cerebro puede influir sobre la curación?, se preguntaba Cousins, y se sigue preguntando ella frente a cada caso. Lleva la mitad de su vida profesional trabajando con pacientes oncológicos. “Ninguno de nosotros estará aquí hasta la eternidad. Pero quienes viven con alguna enfermedad tienen, en cierta manera, un recordatorio más potente.”
El recordatorio del señor Cousins se reactivó en 1980. Un ataque al corazón lo llevó al hospital. Apenas logró sentarse en la camilla, miró a los médicos y advirtió: “Están frente a una de las maquinarias más complejas y asombrosas que hayan entrado a este hospital”. Otra vez, encaró una investigación con ayuda de su médico amigo. Otra vez escribió un libro. Jubilado, se incorporó a la Escuela de Medicina de la Universidad de California, donde enseñó y estudió la relación entre emociones y salud. Cousins afirmaba que la creencia era parte integral de la curación. Escribió: “Los estudios están volviendo obsoleta la noción científica de que el sistema nervioso central y los sistemas que controlan las funciones endocrina e inmunológica están separados. Las fuerzas positivas -amor, fe, voluntad de vivir, propósito, festividad- son poderosos antagonistas de la depresión. Ayudan a crear un ambiente que hace del cuidado médico algo más efectivo. Es una tontería debatir la utilidad de las fuerzas curativas del cuerpo comparadas con la ciencia médica. Con enfermedad, el objetivo es movilizar toda la ayuda que se pueda obtener. El sistema de sanación del cuerpo en conjunto con el tratamiento médico adecuado y una dieta, es el camino para maximizar las posibilidades de éxito”. Falleció en 1990, a los 75 años. Un área de la Universidad de California lleva su nombre: Centro Cousins para la Psiconeuroinmunología. Su objetivo es entender las interacciones entre el cerebro y el cuerpo, junto con la importancia del bienestar psicológico para la salud y la recuperación de la enfermedad.

Eloísa cree en eso:
-Cousins decía que así como el dolor y la tristeza pueden enfermar, la alegría y la voluntad de vivir pueden ser parte del tratamiento. Está científicamente comprobado que hay una química de lo que pensamos y sentimos, y que influye sobre las células. Si experimentamos bienestar, el sistema inmunológico mejora y nos podemos manejar mejor con la situación de enfermedad. “Todos tenemos un poder de autocuración”, decía Cousins. Ahora sabemos que existen técnicas para que el sistema curativo se ponga en funcionamiento.
-¿Cómo se relacionan con la medicina tradicional?
-Como un complemento. A los pacientes les digo: “Si tenés que hacer quimioterapia, hacela”. Mientras, tratá de investigar qué otras cosas te hacen sentir bien. He visto gente a la que los médicos le daban dos meses de vida y sigue viviendo. Conozco el caso de una mujer increíble. Tuvo linfoma de Hodgkin y cáncer de mama. Me dijo: “Acordate; yo de esto no me muero”. Tenía unas tremendas ganas de vivir; cambió su mente. Era empresaria. Internada, recibía quimioterapia y manejaba su empresa con celular y computadora. Los clientes creían que estaba en un viaje de placer. Hay afirmaciones con tal convencimiento que funcionan como una orden.
A veces, la “orden” puede ir en otra dirección. Una vez, Abello le preguntó a un hombre al que le habían diagnosticado un cáncer con muchas posibilidades de recuperación:
-¿Usted quiere vivir?
-No, yo no quiero vivir. Quiero que se termine lo antes posible. Mi hija tiene 15 años, ya no me necesita.
El hombre falleció mucho más rápido de lo que podía sospecharse por su enfermedad.
-Después de años acompañando a personas con cáncer, ¿hay algo que le llama la atención?
-En muchos de los casos se da que uno o dos años antes de un diagnóstico de cáncer esa persona ha atravesado una situación emocional severa que la dañó mucho. Una paciente decía: “Mi cáncer tiene nombre y apellido: el Corralito”. Me impacta cómo la gente que asiste a grupos o atraviesa el tratamiento acompañada por amigos o familiares, tiene una mejor recuperación que la que está sola. Participar de un grupo de apoyo genera una energía sanadora, que también tiene que ver con los vínculos que se establecen entre las personas. Un diagnóstico de cáncer cambia la vida. Los controles generan un estado de vulnerabilidad. Llega gente aterrada por la quimio, con muchos fantasmas. Encontrarse con otros que ya lo pasaron puede aliviar.
Desde hace quince años Abello es la coordinadora del Grupo Esperanza, dirigido a quienes viven con cáncer. La actividad es gratuita, y una gran mayoría de las participantes son mujeres con cáncer de mama. Todos los jueves al mediodía, al menos unas quince personas están sentadas en el primer piso del Instituto Cerim.
Este jueves son una docena de mujeres de diferentes edades, reunidas en un salón. Una de ellas cuenta:
-Esta semana me crucé con una conocida de 42 años con cáncer y decía que para ella era un castigo.
Rápida, Eloísa corrige:
-No es un castigo. No es algo que ocurra porque alguien se portó mal.
-Parra mí no es un castigo -dice una señora-. Pero me lo quiero sacar de encima lo más rápido posible. Estoy ansiosa. Preocupada por un lunar que apareció en mi cuerpo. La semana pasada fue fatal. Consulté de médico en médico. Me tengo que apurar, hacer todo lo que puedo ahora que estoy acá; en unos días me voy al Sur a visitar a mi nieto.
-Uno siempre puede hacer algo por uno, no importa donde uno esté -la tranquiliza Eloísa-. Hay que aprender a contenerse. Las palabras pueden dar órdenes a nuestras células. La vas a pasar bien con tus nietos. No hay nada más sanador.
Dice una de las mujeres más jóvenes, con una bandana sobre su melena rubia:
-Hoy prefiero escuchar, estoy bajoneada.
Cada una va contando cómo se siente. Se arma un debate sobre la angustia que produce la muerte, si el intelecto es o no capaz de controlar esa angustia.
-La angustia de muerte -interviene Eloísa- la tenemos todos, quizás ustedes más presente. Estamos mal educados con el tema de la muerte. Si uno busca en lo espiritual, ya no es tan importante el cuerpo.
Ana María Capristo es cosmetóloga, maquilladora, humor y energía. “Cuando tenía 45 años tuve cáncer, me sacaron la teta y estoy viva. No me angustié demasiado. Me replanteé mis valores religiosos. Estudié. Me hice una teta y al tiempo la usaba de alfiletero.” Habla con tanto entusiasmo que se sacuden sus aros, su collar y su peinado impecable. Capristo viene el tercer jueves de cada mes al grupo. “Oriento a las personas para verse bien y sentirse mejor.” En otros tiempos llegó a estos encuentros hecha un ovillo: “Andreíta, mi hija, también tuvo cáncer. Eso me movilizó mucho. Me preguntaba «por qué a mí». Empecé a preguntarme «por qué no a mí». Fue duro el tema de la quimio, pero también fue una comunión total con mi hija; hoy está bien.”
Entra un señor, se sienta y permanecerá así, en silencio. Detrás de él, una mujer muy joven. Las otras la abrazan, sonríen, preguntan. “Estoy muy bien; ya hace dos semanas que me operé. Les quiero agradecer. Me sirvió tanto la charla que tuvimos sobre la mastectomía. Sobre todo cuando una de ustedes dijo que a los 15 días de la operación estaba en bikini en las playas de Gesell.”
-¿Cómo se llama tu prótesis?
-Fiona.
Todas ríen. Las que vienen hace poco y las de hace años. El encuentro termina con una meditación. “En la carrera de Psicología de la Universidad Maimónides se estudian los aportes de las técnicas de visualización. Es muy interesante ver cómo en estado de relajación profunda, el cuerpo reproduce la sensación de agrado”, dice Abello al fin del encuentro.
-Habló de la importancia de un camino espiritual.
-Es muy importante el cambio de creencias. El inicio de un camino espiritual no necesariamente quiere decir religioso, sino darse cuenta: no somos sólo materia. Desarrollar actividades vinculadas con el espíritu: música, por ejemplo. Replicar la experiencia del grupo en otra ciudad también puede ser un ejercicio espiritual. Tengo dos pacientes que armaron grupos: una en Tartagal y otra en la provincia de Buenos Aires.
-¿Qué hacer para prevenir la enfermedad?
-El yoga o la meditación pueden ayudar, pero, básicamente, hacer cosas que nos gustan. El terapeuta Lawrence LeShan, que trabaja desde hace 40 años con pacientes con cáncer, acuñó una frase: “Te enfermás cuando dejás de cantar tu canción”. Hay sistemas de creencias que enferman. Y hay pasiones que salvan.
Por María Eugenia Ludueña
Revista La Nación
Domingo 22 de noviembre de 2009 | Publicado en edición impresa
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